Nubia Altamar Díaz, de 36 años, oriunda de Fundación (Magdalena), se encontraba en su negocio de venta de cosméticos cuando fue asesinada por su compañero sentimental que le propinó varios impactos de arma de fuego.
La víctima era una comerciante y madre de un menor, que vivió durante varios años en el barrio Villa del Campo, en Santa Marta, pero decidió salir del país en busca de mejores oportunidades laborales.
El suceso criminal ocurrió en la zona de Bocanegra, en el cruce de las avenidas Perú y Quilca, límite entre el distrito de San Martín de Porres y la Provincia Constitucional del Callao, cuando la mujer se encontraba en su negocio, un local de venta de cosméticos y salón de belleza ubicado en el interior del centro.
Según la información conocida en la zona, el sujeto llegó al mercado a pie, ingresó por una de las puertas principales, se dirigió directamente al negocio de Nubia y tras un intercambio de palabras fuertes le disparó en múltiples oportunidades, impactándola a la altura del cuello.
Una vez quedó malherida al interior del local, fue auxiliada de inmediato por comerciantes y vecinos, quienes la trasladaron a la urgencia del hospital Luis Negreiros Vega, donde pese a los esfuerzos del personal médico, falleció horas después.
Al confirmarse su muerte, agentes de la comisaría de Bocanegra y peritos de criminalística cercaron el área y recogieron el material probatorio, además de tomar declaración a testigos. El cuerpo fue llevado a la morgue de Medicina Legal para practicarle la necropsia de rigor, antes de ser regresado a sus seres queridos que agilizan los trámites de traslado a su tierra natal para ser despedida entre sus amigos de infancia, vecinos y demás familiares.
La información suministrada por testigos y los videos de varias cámaras de seguridad, permitieron rastrear e identificar al presunto agresor que escapó a pie luego de acabar con la vida de su pareja, pero en una rápida reacción fue capturado por parte de la Policía de Bocanegra. En el momento de la detención, le fueron incautadas las prendas de vestir que llevaba puestas el día de los hechos, y de las que pretendía deshacerse para no dejar rastros.
La comerciante magdalenense había emigrado desde hace un tiempo en busca de mejores oportunidades y se había ganado el cariño de muchos por su espíritu emprendedor y su calidez humana. Su muerte ha causado conmoción tanto en Perú como en su tierra natal. «Era una mujer trabajadora, no se metía con nadie, nunca tuvo problemas aquí y por robarle no fue, ya que el hombre solo llegó y disparó, no se llevó nada» comentó un amigo de la víctima.








