Luz Katherine Tapia fue el corazón del triunfo colombiano en la semifinal de la Copa América femenina contra Argentina. Durante los 90 minutos fue una muralla bajo los tres palos, y en la definición por penales se convirtió en la figura absoluta al atajar el disparo que aseguró el paso de Colombia a la gran final en Ecuador.
Nada fue improvisado. La portera llegó preparada al detalle: en sus guantes, sujetos con esparadrapo, llevaba anotados los números de las jugadoras argentinas, una estrategia poco habitual que diseñó junto a su preparador de arqueras y el analista de video del Palmeiras, su club en Brasil. Ese estudio minucioso le dio la ventaja: “Me tocó aprenderme por números. El preparador de arqueros nos dio su análisis y también acudí al analista de video de Palmeiras, que me ayudó con muchos videos”, relató en una entrevista para Blog Deportivo de Blu Radio.
En medio de la tensión de la tanda de penales, incluso cuando las jueces les pedían esperar la revisión del VAR tras cada cobro, Tapia no perdió la calma. Confiaba en su preparación y en su compostura. “Yo sabía que no había dejado de pisar la línea. Nunca me han pitado eso. Salí a disfrutar de una”, comentó con una serenidad que refleja su experiencia.
A pesar del reconocimiento, Katherine mantiene intacta su humildad y el espíritu de compañerismo. Se define como una más del grupo, evocando con orgullo su paso por el Esmad, ahora Undmo (Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden), donde trabajó antes de dedicarse al deporte. “Uno se va ganando su puesto. Acá dentro del equipo sigo en el rango de ‘patrullera’. Todas somos importantes y siempre lo hacemos en pro del país y de la selección”, dijo con convicción.
En una entrevista publicada por el Ministerio del Deporte en julio de 2024, durante la participación de la selección en los Juegos Olímpicos de París, Tapia reflexionó sobre cómo el deporte transformó su vida: “Antes de ser deportista, trabajaba en la Policía Nacional. El deporte te da la oportunidad de estudiar, de tener una vida saludable, de compartir con la familia. Antes defendía el escudo del Esmad, me ponía ese uniforme y sentía esa adrenalina… es lo mismo que siento ahora en la cancha”.








