Santa Marta vibró al ritmo del Caribe insular en una noche que quedará en la memoria cultural de la ciudad. El jueves 14 de agosto, el Teatro Cajamag se transformó en mucho más que un escenario: se convirtió en un espacio de encuentro donde la música rompió la barrera entre artistas y espectadores. Con cada acorde de Caribbean New Style, agrupación que fusiona la tradición musical del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina con sonidos modernos, el público se dejó llevar por la magia de un Caribe vivo, colorido y contagioso.
Desde el inicio, la energía fue incontenible. Palmas, coros y sonrisas comenzaron a llenar el ambiente hasta que, poco a poco, la solemnidad típica de una sala de teatro se desdibujó: los asistentes no dudaron en levantarse de sus asientos para convertir el recinto en una pista de baile improvisada. Calipso, mentó, reggae, soca y zouk se entrelazaron en un mosaico rítmico que hizo imposible quedarse quieto.
La interacción constante entre los integrantes de la agrupación y el público fue clave para mantener la chispa durante toda la velada. No solo se trató de cantar, sino de compartir la experiencia: gestos, movimientos y llamados desde el escenario hicieron que los espectadores fueran parte activa del espectáculo. En medio de la música, los sonidos ancestrales también tuvieron un papel destacado. Instrumentos como el ti áfono y la quijada de caballo recordaron la fuerza de las raíces culturales, mientras se fusionaban con arreglos contemporáneos que refrescaron la tradición sin perder su esencia.
Cada pieza interpretada transportaba a los presentes a las playas del Caribe insular: a la brisa que acaricia San Andrés, a los colores vibrantes de Providencia, a la alegría que se respira en Santa Catalina. El teatro, en pleno corazón de Santa Marta, se convirtió por unas horas en un rincón del archipiélago.
Este evento, resultado de la alianza entre Cajamag y el Banco de la República, fue gratuito para los afiliados de categorías A y B, lo que permitió que decenas de personas vivieran una experiencia cultural de alto nivel sin costo alguno. El balance fue tan positivo que, al finalizar, la frase más repetida entre los asistentes fue: “Nos quedamos con ganas de más”.
Aquella noche no se trató solo de un concierto, sino de un acto de celebración colectiva. La música del Caribe no se limitó a sonar: se vivió, se bailó y se cantó, demostrando una vez más que el arte tiene la capacidad de derribar fronteras, unir comunidades y hacer palpitar a una ciudad entera al mismo ritmo.








