En Estados Unidos se conoció un caso que ha sorprendido incluso a las autoridades penitenciarias: un recluso condenado a muerte ha solicitado que la pena capital se ejecute cuanto antes, en lugar de continuar apelando su sentencia o esperando el lento curso de la justicia.
Se trata de Scotty Gardner, de 60 años, quien permanece en la prisión de máxima seguridad Varner SuperMax, al sur de Grady, en el estado de Arkansas. Desde 2018 habita el corredor de la muerte tras ser hallado culpable de estrangular a su pareja y despojarla de sus pertenencias, un crimen que lo llevó a la condena más severa.
Gardner aseguró en una entrevista con USA Today que la vida en su celda es “sofocante” y carente de condiciones mínimas de dignidad. Habló de moho, insectos, desbordamientos de retretes y espacios tan reducidos que los comparó con “un vestidor diminuto” o “una cueva” en la que siente que se asfixia. Estas circunstancias, dijo, lo han llevado a considerar que esperar años en esas condiciones es peor que afrontar la ejecución.
La petición del interno, sin embargo, no se resuelve de inmediato. Aunque Gardner insiste en que no desea prolongar su estadía en prisión, el proceso legal pendiente mantiene su caso en suspenso. Si su solicitud avanzara, sería la primera ejecución en Arkansas desde 2017, hecho que inevitablemente reabriría el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos y las condiciones en las que los condenados esperan su destino.








