Un giro determinante se produjo en el caso del homicidio de los pequeños Santy Steban y Susan Beltrán Ramírez, de 4 y 7 años, asesinados por su padre Darwin Felipe Beltrán en una vivienda del barrio Las Ferias, en Engativá, el pasado 28 de octubre de 2024. El procesado decidió aceptar su responsabilidad y se declaró culpable de los crímenes que estremecieron a Bogotá.
La información fue confirmada por el abogado de las víctimas, Miguel Ángel Ruiz, quien señaló que, pese a la gravedad de los hechos, Beltrán podría recibir una condena de apenas 25 años de prisión debido a presuntos errores cometidos por la Fiscalía en el manejo del proceso. “Un delito contra menores de edad no debería contemplar reducción alguna, pero al parecer habrá lugar a beneficios jurídicos. Aceptamos en primera instancia porque el acusado buscaba dilatar y los términos estaban a punto de vencer”, explicó Ruiz al medio Q’hubo.
El abogado advirtió que en caso de que la condena no sea acorde a la magnitud de los delitos, apelará la decisión. En los próximos 90 días se conocerá el fallo definitivo. Cabe recordar que Beltrán intentó alegar una supuesta enfermedad mental para ser declarado inimputable; sin embargo, la jueza desestimó ese argumento con base en los exámenes periciales que resultaron negativos.
El caso que conmocionó a Bogotá
La tarde del 28 de octubre de 2024, vecinos del barrio Las Ferias quedaron impactados tras conocer que en una modesta vivienda de fachada verde, dos pequeños habían sido asesinados por su propio padre. Según las investigaciones, Darwin Beltrán habría golpeado y apuñalado a los menores en medio de un episodio de violencia intrafamiliar, dirigido contra su pareja sentimental y madre de los niños.
Al día siguiente, la comunidad se volcó a las calles para rechazar el atroz crimen y rendir homenaje a Santy y Susan. Con velas, oraciones, mensajes religiosos y un mural en la fachada de la casa con la frase “solo Cristo salva”, los vecinos expresaron su dolor y exigieron justicia.
Beltrán ya tenía antecedentes por receptación y una anotación por maltrato intrafamiliar, lo que refuerza la hipótesis de que el crimen se enmarca en un caso de violencia vicaria, en el que los hijos se convierten en víctimas como forma de castigo hacia la madre.
Este caso, uno de los más dolorosos en la memoria reciente de Bogotá, ha reavivado el debate sobre la protección a menores en contextos de violencia intrafamiliar y las falencias del sistema judicial frente a delitos contra la niñez.








