Un episodio marcado por el desconcierto y la violencia sacudió a la comunidad de Flagami, en Miami, tras conocerse que un residente de 79 años acabó con la vida de su compañero de habitación dentro de un centro de vida asistida. Lo que comenzó como un estallido de gritos desesperados, en los que el anciano aseguraba que alguien intentaba matarlo, se transformó en una tragedia que pone en evidencia los vacíos en la atención y la seguridad de los adultos mayores en estas instituciones.
El hecho ocurrió en el Princess Gardens Assisted Living Facility, un espacio concebido para brindar tranquilidad y acompañamiento a personas de la tercera edad. Sin embargo, la mañana terminó teñida de horror cuando Jerome John Babij, de manera repentina, atacó a su compañero, presuntamente estrangulándolo hasta dejarlo inconsciente en la habitación que compartían. Minutos después, personal de enfermería intervino para contenerlo en medio del pasillo, mientras la policía llegaba al lugar.
El sospechoso fue arrestado de inmediato y permanece bajo custodia en la cárcel Turner Guilford Knight (TGK), sin derecho a fianza y con cargos por asesinato en segundo grado. El caso, más allá de la gravedad del delito, ha encendido las alarmas sobre las condiciones en que viven muchos ancianos en centros de cuidado, donde la salud mental, la prevención de riesgos y la supervisión estricta resultan cruciales.
Aunque aún no se han revelado detalles sobre el historial clínico de Babij ni de la víctima, especialistas consultados en Florida insisten en que este tipo de sucesos no pueden desligarse de la fragilidad emocional y cognitiva de una parte significativa de la población adulta mayor. Sin protocolos sólidos de evaluación y reacción, las posibilidades de que estallen episodios violentos aumentan de manera preocupante.
El caso no es aislado. En mayo de 2025, un informe local reveló negligencias médicas en un centro de detención de Miami tras la muerte de dos migrantes, señalando carencias estructurales y de personal. Asimismo, medios de Florida reportaron recientemente otro caso de estrangulamiento entre residentes de un centro asistido, también vinculado a delirios, lo que ha llevado a expertos a advertir sobre una posible tendencia alarmante en instituciones de este tipo.
Familiares de los residentes de Princess Gardens, consternados por lo sucedido, han exigido explicaciones y mayores garantías de seguridad. Reclaman no solo más personal de vigilancia, sino también la presencia permanente de profesionales en geriatría y salud mental, así como sistemas de alerta temprana que permitan detectar cambios bruscos de comportamiento.
Para las autoridades y operadores de salud, el desafío es enorme: garantizar que los espacios destinados a la protección de los adultos mayores no se conviertan en escenarios de riesgo. La tragedia ocurrida en Flagami deja al descubierto la urgencia de reforzar la supervisión, capacitar a los equipos de atención y fortalecer la alianza entre familias, instituciones y entes reguladores.
Lejos de ser un caso aislado, este homicidio reabre la discusión sobre cómo se cuida realmente a los ancianos en entornos comunitarios. La promesa de bienestar debe acompañarse de protocolos eficaces, recursos humanos capacitados y controles rigurosos que eviten que, bajo el mismo techo de quienes buscan compañía y cuidado, se repitan tragedias como la vivida en Miami.








