En el municipio de Ubaté, reconocido como la “Capital Lechera de Colombia”, el nombre ‘Villa de Ubaté’ ha sido sinónimo de tradición láctea durante más de tres décadas. Sin embargo, la empresa familiar, fundada en 1992 por el recordado Pedro Pablo Gordillo, atraviesa una de las pruebas más difíciles de su historia tras la alerta sanitaria emitida por el Invima el 19 de agosto de 2025, que catalogó algunos de sus yogures como de comercialización fraudulenta.
La noticia sorprendió a la comunidad y afectó directamente la reputación de una marca que hasta ahora había construido confianza local, regional e incluso nacional. La familia Gordillo no tardó en pronunciarse, aclarando que el hecho no obedeció a una adulteración del producto, sino a un error administrativo y de empaque.
De acuerdo con Camilo Gordillo, ingeniero de alimentos de la planta, y Giovanny Gordillo, actual propietario, la confusión surgió porque un colaborador en bodega utilizó alrededor de 100 empaques antiguos de la razón social anterior para envasar yogures personales en tres sabores específicos: fresa, mora y melocotón. El contenido del producto, insisten, nunca estuvo alterado.
“Fue un descuido de calidad que ya corregimos. Retiramos los lotes afectados y reforzamos los controles internos. Queremos dejar claro que nunca estuvo en riesgo la salud pública”, explicó Camilo Gordillo.
El impacto económico fue inmediato. Según cifras de la compañía, las ventas se desplomaron en un 60 % tras conocerse la alerta, sobre todo entre los clientes que viajaban hasta Ubaté para comprar sus productos directamente en la planta. La caída se sintió con más fuerza porque la marca ha logrado trascender la venta local, llegando a mercados nacionales e incluso participando en ferias internacionales, donde era presentada como ejemplo del emprendimiento campesino.
La familia recuerda que, tras el fallecimiento de Pedro Pablo Gordillo, la empresa cambió su razón social pero mantuvo el nombre comercial, obteniendo en 2023 un nuevo registro sanitario vigente hasta febrero de 2028. Pese a ese cumplimiento formal, el error de empaque activó la alerta del Invima, que explicó que se detectó la circulación de yogures con un registro vencido (RSA-006435-2018), lo que en términos legales configura un alimento fraudulento.
“Ha sido un trabajo familiar de más de 30 años, con esfuerzo y dedicación, para mantener la empresa en pie en un país donde no es fácil crear y sostener compañías”, expresó Camilo Gordillo, subrayando que el traspié no debe opacar la labor comunitaria y social que realiza la marca.
Como medida correctiva, la empresa ha decidido reforzar la capacitación del personal en normatividad sanitaria, especialmente bajo la Resolución 2674 de 2013, y fortalecer los procesos de control de calidad previos a la distribución.
El golpe no es menor: además del retroceso en ventas, la alerta representa un desafío de credibilidad para una empresa que ha participado en iniciativas emblemáticas como la elaboración del queso más grande de Colombia en 2024, un proyecto en alianza con la Alcaldía de Ubaté y el Banco de Alimentos.
Con todo, Giovanny Gordillo recalca que el compromiso de la compañía se mantiene intacto: “Somos una empresa familiar, pequeña en volumen, pero con altos estándares. Lo que producimos es 100 % natural. Nuestro objetivo sigue siendo impulsar la economía local y sostener el legado de nuestro padre”.
Este episodio evidencia no solo la fragilidad de las pequeñas empresas frente a la normativa sanitaria, sino también el peso que tienen los errores administrativos en un mercado altamente regulado. Ahora, ‘Villa de Ubaté’ se enfrenta al reto de recuperar la confianza de sus consumidores y demostrar que la tradición puede seguir adelante pese a la crisis.







