Un hito para la conservación ambiental y cultural se oficializó esta semana en Colombia. Parques Nacionales Naturales anunció dos decisiones que marcan la historia de la protección de los ecosistemas: la creación del Parque Nacional Natural Serranía de Manacacías en la Orinoquía y la ampliación del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, una de las joyas naturales y culturales más representativas del país.
La estrategia, denominada “Con Dignidad Cumplimos”, busca garantizar la defensa de territorios vitales para la biodiversidad y para las comunidades que los habitan. En el caso de la Sierra Nevada, la medida significa la incorporación de más de 172.000 hectáreas adicionales a su extensión, asegurando la protección de lo que los pueblos indígenas denominan el “corazón del mundo”. Allí, comunidades Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo han mantenido prácticas espirituales y culturales durante siglos, convirtiendo esta montaña en un referente sagrado y vital no solo para ellos, sino para la humanidad.
De manera paralela, la declaratoria del Parque Nacional Serranía de Manacacías añade 68.030 hectáreas de sabanas, humedales y bosques en el departamento del Meta. Este territorio se convierte en un corredor estratégico que permitirá preservar especies de fauna y flora de la región, entre ellas aves migratorias, peces de agua dulce y mamíferos de importancia ecológica.
Las decisiones fueron celebradas por autoridades indígenas, comunidades locales y organizaciones ambientales, quienes reconocieron el valor de estas acciones para enfrentar la crisis climática, salvaguardar fuentes hídricas y garantizar la continuidad de prácticas culturales ancestrales.
“Estos pasos consolidan a Colombia como referente en materia de conservación en América Latina. Cada hectárea protegida es un respiro para el planeta y un legado para las futuras generaciones”, señalaron voceros de Parques Nacionales durante el anuncio.
Con estas incorporaciones, el país no solo suma territorio protegido, sino que fortalece la conexión entre cultura y naturaleza, reafirmando la visión de que cuidar la biodiversidad también significa garantizar la dignidad y permanencia de los pueblos que conviven en armonía con ella.








