El pasado 5 de septiembre de 2025, en pleno corazón de Bogotá, un hecho violento volvió a poner sobre la mesa los riesgos y tensiones que rodean el comercio informal en la capital. David Rodríguez Vargas, un joven de 23 años que trabajaba como vendedor ambulante, fue asesinado en la carrera Séptima con calle 22, a pocos pasos del transitado sector de La Mariposa.
Ese viernes parecía un día cualquiera para David. Según relataron testigos, había salido en su bicicleta a comprar insumos para su puesto, ubicado en una zona concurrida por vendedores de productos de bajo costo y comidas rápidas. Sin embargo, lo que debía ser una rutina más terminó en tragedia: dos hombres lo interceptaron y lo atacaron por la espalda con un arma blanca. No hubo enfrentamiento previo ni oportunidad de defensa. Las cuchilladas fueron certeras y lo derribaron de inmediato. En medio del caos, los agresores escaparon entre la multitud que transita permanentemente por esa parte del centro.
El crimen, lejos de ser un hecho aislado, parece estar vinculado a un conflicto que lleva años latente. La hermana de la víctima relató a Blu Radio que la raíz del problema se remonta al año 2023, cuando el hermano mayor de David tuvo una fuerte disputa con otros vendedores de la zona, específicamente con comerciantes de caña de azúcar y de comidas rápidas. Aquella confrontación dejó resentimientos profundos y abrió una grieta entre dos grupos de trabajadores informales que, desde entonces, compartían el espacio en medio de tensiones constantes.
Para evitar más choques, la familia Rodríguez decidió trasladar su actividad a otro punto del centro, en la Séptima con calle 22. Aun así, la enemistad persistió, y los roces con los mismos comerciantes no desaparecieron. Dos años después, esas viejas heridas habrían desembocado en un asesinato que, según la familia de David, él no merecía.
La hermana del joven fue enfática en rechazar las versiones que intentaban justificar el crimen como el resultado de una riña. “Es mentira que mi hermano haya salido a buscar problemas o que fuera parte de una pelea. Ese día solo salió a comprar lo que necesitaba para su puesto, iba solo en su bicicleta, y fue atacado por la espalda”, declaró. Según su testimonio, los responsables serían dos hermanos comerciantes que trabajan en la Séptima con calle 12, los mismos con quienes la familia había tenido dificultades dos años atrás.
La muerte de David deja al descubierto un aspecto poco visible pero real del comercio informal en Bogotá: la competencia feroz por el espacio público. Detrás de los puestos ambulantes, que para muchos representan apenas una alternativa de compra rápida, se esconden disputas que mezclan territorio, subsistencia y, en ocasiones, viejas rencillas personales.
Vecinos y otros comerciantes del sector lamentaron el hecho y señalaron que la ausencia de regulación clara y la falta de mediación institucional permiten que los conflictos escalen a niveles tan graves. “Aquí no hay reglas, cada quien pelea por su pedazo de calle y la tensión es permanente”, comentó un vendedor que pidió no ser identificado por temor a represalias.
El caso está ahora en manos de las autoridades, que investigan a los posibles responsables y buscan determinar con precisión los móviles. Mientras tanto, la familia Rodríguez enfrenta el dolor de haber perdido a un joven trabajador, cuya vida se truncó no por sus propios actos, sino por un conflicto heredado y no resuelto en el mundo del comercio callejero bogotano.
David, de apenas 23 años, se convirtió en una víctima más de una disputa silenciosa pero peligrosa que recorre las calles del centro de la capital, recordando que detrás de la aparente cotidianidad del comercio informal se esconden dinámicas complejas que, en ocasiones, cobran vidas.








