El Canal del Dique, una de las obras hidráulicas más importantes y polémicas del país, entra en una nueva etapa decisiva. Desde este martes 9 de septiembre se dio inicio al estudio de impacto ambiental de la Asociación Público Privada (APP) encargada de la intervención, un proceso que se extenderá durante 14 meses y que promete ser uno de los más rigurosos realizados en Colombia.
El anuncio fue hecho por Carlos Rosado, director de Relaciones Públicas de la firma Sacyr, quien explicó que el estudio busca ofrecer respuestas técnicas a las inquietudes de las comunidades y autoridades de los tres departamentos involucrados: Sucre, Bolívar y Atlántico, junto con 19 municipios de la zona de influencia directa.
El área a evaluar abarca 435.000 hectáreas de humedales, ciénagas y manglares, ecosistemas que han sufrido por décadas la acumulación de sedimentos provenientes del río Magdalena. Esta sedimentación ha reducido la capacidad de autorregulación de los cuerpos de agua y puesto en riesgo a diversas especies endémicas. “La meta es revertir esa tendencia y lograr un equilibrio ambiental sostenible”, aseguró Rosado.
El estudio no se limitará a una revisión superficial. Se realizarán monitoreos de calidad del aire, del agua y de los suelos, así como un inventario detallado de la fauna y flora de la región. La información será analizada en relación con la resiliencia de los ecosistemas y los posibles impactos que las futuras obras puedan generar.
Entre las infraestructuras previstas destacan la construcción de una esclusa y compuertas en Calamar, además de una esclusa y un dique de cierre en Puerto Badel, ambos en Bolívar. Estas estructuras buscan controlar el ingreso de sedimentos y recuperar el equilibrio ecológico del sistema. La duración del estudio —14 meses— responde a la necesidad de recopilar información tanto en época de lluvias como en temporada seca, para comprender las variaciones estacionales que afectan el canal.
El trabajo técnico estará a cargo del consorcio Agua y Vida, aliado de la concesión Ecosistemas del Dique, una firma con reconocimiento internacional en estudios ambientales, lo que garantiza altos niveles de rigor científico.
Mientras tanto, el proyecto se mantiene en fase de preconstrucción, con actividades de dragado destinadas a conservar la navegabilidad y mitigar riesgos inmediatos para las comunidades ribereñas. De manera paralela, Sacyr afirma que sostiene un diálogo permanente con los habitantes de la zona, mediante talleres informativos y espacios de participación que permiten recoger sus inquietudes.
Con este estudio, el Canal del Dique se prepara para una intervención histórica que marcará un antes y un después en la gestión ambiental del Caribe colombiano. El desafío será encontrar un balance entre el desarrollo de infraestructura y la conservación de ecosistemas que, durante siglos, han estado sometidos a los impactos del sedimento y al deterioro ambiental progresivo.








