Una nueva tragedia marítima sacude al litoral Pacífico colombiano. En la madrugada del miércoles 2 de octubre, el barco Don Alfredo naufragó en aguas cercanas a la bocana del río Naya, dejando un saldo preliminar de 35 personas rescatadas con vida y al menos dos desaparecidas. Las labores de búsqueda y rescate continúan bajo la coordinación de la Armada Nacional, que desplegó unidades marítimas y aéreas desde Tumaco y Buenaventura.
El incidente ocurrió cuando la embarcación, que había zarpado desde Buenaventura con destino a El Charco, en el departamento de Nariño, sufrió una aparente falla mecánica en medio de condiciones climáticas adversas. Testigos relataron que el fuerte oleaje y los vientos intensos complicaron el control del barco, que terminó volcándose cerca de la desembocadura del río.
Videos grabados por residentes y miembros de la comunidad revelan la magnitud del desastre: decenas de personas flotando en medio de la corriente, aferradas a chalecos salvavidas y restos de madera, mientras los uniformados de la Armada les gritaban instrucciones para mantener la calma y acercarse a las lanchas de rescate.
El líder social y defensor de derechos humanos Benildo Estupiñán fue uno de los primeros en alertar a las autoridades sobre el siniestro. Según su relato, una lancha que cubría la ruta Naya–Guapi logró rescatar inicialmente a ocho pasajeros, y posteriormente las unidades de la Armada Nacional auxiliaron a otras 27 personas, sumando 35 sobrevivientes confirmados hasta el momento.
No obstante, aún se mantiene la búsqueda de dos ocupantes que no han sido localizados, entre ellos —según versiones de los testigos— una persona mayor y un menor de edad. “La zona es extremadamente peligrosa, con marejadas fuertes y corrientes cambiantes. Cualquier operación de rescate es un reto en esas condiciones”, explicó Estupiñán.
Las comunidades de Buenaventura y El Charco permanecen en vilo ante la falta de información oficial. La comunicación con la zona del naufragio es limitada, lo que ha generado confusión y desinformación entre los familiares. Jhon Hernández Cuenu, hijo de una de las pasajeras identificada como Eyden Cuenu Estupiñán, relató su angustia al diario El País:
“Mi madre viajaba hacia El Charco para llevar unas herramientas a un familiar, pero no sabemos nada de ella. Primero dijeron que estaba desaparecida, luego alguien aseguró que había muerto de un infarto. Nadie nos da una versión clara”.
El desconcierto ha crecido también por los reportes inconsistentes sobre el número de pasajeros a bordo. Mientras algunos sobrevivientes hablan de 30 personas, otros aseguran que el barco transportaba hasta 45, lo que refuerza las sospechas de un posible sobrecupo.
Versiones preliminares apuntan a que el Don Alfredo habría zarpado con exceso de carga, transportando mercancía y víveres además de los pasajeros. “Llevaban demasiada carga, fue un accidente anunciado”, sostuvo Hernández.
La Armada Nacional, en conjunto con la Dirección General Marítima (Dimar), abrió una investigación para esclarecer las causas exactas del naufragio, determinar si la embarcación contaba con los permisos y medidas de seguridad exigidos y establecer responsabilidades. Entre las hipótesis que manejan las autoridades están una falla en el motor y una sobrecarga de peso que pudo afectar la estabilidad del barco en medio del oleaje.
Mientras tanto, los sobrevivientes permanecen bajo observación médica en centros asistenciales de Buenaventura, donde varios presentan cuadros de hipotermia y heridas leves. Las operaciones de búsqueda continuarán durante los próximos días, con apoyo de aeronaves y buques de superficie, en un esfuerzo por dar con los desaparecidos y esclarecer una tragedia que deja nuevamente en evidencia los riesgos y precariedades de la navegación en el Pacífico colombiano.








