Desde muy temprano, los cementerios de Santa Marta se llenaron de vida, flores y oración. Como cada 2 de noviembre, cientos de familias acudieron a los camposantos para rendir homenaje a sus seres queridos en el Día de los Fieles Difuntos, una tradición profundamente arraigada en la fe católica y en la memoria colectiva de los samarios.
En el Parque Cementerio Jardines de Paz, en Mamatoco, se respiraba un ambiente de recogimiento y amor familiar. Las tumbas se cubrieron con flores multicolores, fotografías y mensajes de recordación, mientras las velas encendidas iluminaban los rostros de quienes, entre lágrimas y sonrisas, recordaban con gratitud a quienes partieron.
El gesto de visitar, limpiar y adornar los sepulcros se convierte cada año en un acto simbólico de unión entre el pasado y el presente. Para muchos, esta fecha representa una oportunidad de agradecer por la vida compartida y renovar la esperanza del reencuentro espiritual.
Una tradición que también impulsa la economía local
Desde la víspera del 2 de noviembre, los cementerios Jardines de Paz, San Miguel y Jardín Memorial Esperanza, en la vía a Bonda, comenzaron a recibir visitantes. A su alrededor, la actividad comercial creció notablemente: floristerías, vendedores ambulantes y tiendas religiosas registraron un repunte en sus ventas.
“Esta fecha mueve mucho. Todos buscan flores, velas y arreglos grandes que expresen amor y respeto”, explicó Johana Perea, administradora de una floristería cercana a Jardines de Paz, quien aseguró que la demanda se multiplica durante el Día de los Difuntos.
Por su parte, Nayibe Martínez, otra comerciante del sector, describió la jornada como “una bendición”. “La gente viene con devoción. Piden mariposas, colibríes o frases de recordación personalizadas. Cada detalle lleva un sentimiento profundo, porque aquí el amor se demuestra también con flores”, expresó.
Fe, familia y memoria que perduran
La conmemoración del Día de los Fieles Difuntos tiene raíces que se remontan a la época colonial, cuando las tradiciones católicas españolas se entrelazaron con las costumbres indígenas, dando origen a una práctica que hoy sigue viva en todo el país. En Santa Marta, esta fecha conserva un carácter espiritual y familiar, donde la oración, la reflexión y la unión se entrelazan en un mismo sentimiento.
Durante la jornada, se celebraron eucaristías y rezos colectivos, mientras otros prefirieron guardar silencio frente a las tumbas de sus familiares, encendiendo velas o dejando cartas con mensajes de amor. El clima favorable acompañó el día, permitiendo que muchas familias permanecieran por horas en los cementerios, compartiendo recuerdos y renovando su fe.
Un día para recordar, agradecer y reconciliarse con la vida
Más allá del simbolismo religioso, el Día de los Fieles Difuntos invita a valorar la vida y el amor que permanece más allá de la muerte. En Santa Marta, esta jornada volvió a unir a las familias en torno a la memoria, reafirmando que el vínculo con los seres amados nunca se rompe, solo se transforma.
Como muchos visitantes dijeron al retirarse del cementerio:
“La muerte no borra el amor, solo lo convierte en memoria eterna.”








