Durante casi cuatro décadas, la zona de exclusión de Chernóbil, en Ucrania, ha permanecido como un espacio silenciado por el desastre nuclear de 1986. Sin embargo, lejos de ser un lugar sin vida, la naturaleza ha reclamado su territorio y, recientemente, un fenómeno tan inusual como intrigante ha captado la atención de científicos y curiosos: perros callejeros con pelaje azul brillante deambulando entre los restos de la ciudad fantasma.
El hallazgo fue documentado por la organización estadounidense Clean Futures Fund, dedicada a ayudar a las comunidades afectadas por la catástrofe. A través de un video publicado en sus redes sociales, el grupo mostró a varios canes con tonalidades azuladas en su pelaje. “Nos encontramos con tres perros completamente azules. No sabemos qué ocurre, pero estamos intentando capturarlos para investigar”, explicó la organización, que trabaja en la esterilización y monitoreo de los animales que habitan en la zona.
La noticia generó rápidamente una ola de especulaciones. Algunos pensaron que se trataba de una mutación genética causada por la radiación, mientras que otros sugirieron que era consecuencia de algún tipo de contaminación ambiental. Sin embargo, los estudios realizados por el programa Perros de Chernóbil, liderado por la veterinaria Jennifer Betz, aclararon el misterio: el peculiar color no tiene relación con la radiación, sino con una sustancia química azul presente en antiguos baños portátiles abandonados en la zona.
Según Betz, los perros se habrían revolcado en este líquido, que reaccionó con la grasa de su pelaje, generando el tono azul brillante. La experta destacó que el compuesto no representa un riesgo significativo para su salud, siempre y cuando los animales no lo ingieran en grandes cantidades. “Los perros se encuentran en buen estado general y se han adaptado notablemente a las duras condiciones del entorno”, precisó.
Este fenómeno, aunque sorprendente, no es completamente nuevo. En 2021, una situación similar se presentó en Rusia, cuando una manada de perros apareció teñida de azul tras exponerse a desechos industriales cerca de una fábrica química. Ambos casos ponen de relieve la capacidad de adaptación de los animales callejeros frente a entornos contaminados, así como las consecuencias de la actividad humana en los ecosistemas.
Más allá del impacto visual, los llamados “perros azules de Chernóbil” han despertado un renovado interés científico. Los investigadores los consideran parte de un “laboratorio viviente”, ya que permiten estudiar los efectos a largo plazo de la radiación, la resiliencia genética y las formas en que la fauna logra sobrevivir y evolucionar en un ecosistema alterado.
En definitiva, estos animales se han convertido en un símbolo de resistencia y adaptación. Su pelaje azul, más allá de su rareza, es un recordatorio del equilibrio frágil entre la naturaleza y la acción humana: incluso en los lugares más marcados por la tragedia y la contaminación, la vida encuentra maneras asombrosas de persistir.








