En la semana en que se coronó a la nueva Miss Universo 2025, el nombre de Sheynnis Palacios volvió a ocupar titulares y redes sociales. Su triunfo en 2023, que la convirtió en la primera centroamericana en ganar el certamen, sigue siendo una de las historias más polémicas y contradictorias asociadas a la franquicia. A diferencia de otras reinas, Palacios nunca pudo celebrar su victoria en Nicaragua y, de manera extraoficial, pasó de ser reconocida como un orgullo nacional a convertirse en una figura incómoda para el régimen de Daniel Ortega.
De Managua al escenario internacional
Palacios nació y creció en Managua en una familia de origen humilde. Criada por su madre, abuela y bisabuelos, obtuvo su primera corona a los 16 años como Miss Teen Nicaragua. Desde entonces, inició un camino que la llevó a ser Miss Mundo Nicaragua 2020 y posteriormente Miss Nicaragua. Paralelamente a su carrera en concursos de belleza, estudió Comunicación Social en la Universidad Centroamericana gracias a una beca, mientras ayudaba a su madre a vender buñuelos en la calle. Incluso cuando una presentadora la llamó de forma despectiva “Miss Buñuelos”, la joven defendió con orgullo sus raíces.
Comprometida con la salud mental debido a sus propias experiencias con la ansiedad, creó el pódcast Entiende tu Mente, con el propósito de acercar estos temas a los jóvenes.
Un triunfo histórico que desató tensiones
El 18 de noviembre de 2023, en San Salvador, Sheynnis Palacios marcó un hito al convertirse en la primera Miss Universo nicaragüense. Miles celebraron en las calles ondeando banderas y coreando su nombre. Inicialmente, el gobierno de Ortega y Murillo también se unió a la celebración, enviando flores a su familia y publicando mensajes oficiales en su honor.
Sin embargo, esa aparente armonía se rompió rápidamente. Según un reportaje de The New York Times, dos factores encendieron las alarmas del régimen: la magnitud de las celebraciones, que podrían derivar en manifestaciones políticas, y la aparición de fotografías de Palacios participando en protestas estudiantiles en 2018 contra el gobierno. A partir de ese momento, la percepción del oficialismo cambió abruptamente.
Karen Celebertti, directora de Miss Nicaragua, fue retenida en el aeropuerto e impedida de ingresar al país. Su casa fue allanada y su esposo e hijo arrestados temporalmente. Poco después fueron acusados de conspiración y traición a la patria, y finalmente desterrados. Artistas que intentaron pintar murales en honor a Palacios y un tiktoker simpatizante que la defendió también fueron detenidos. La respuesta estatal fue catalogada por la prensa como un intento de borrar cualquier expresión pública no controlada por el régimen.
En pronunciamientos oficiales, Rosario Murillo calificó las celebraciones como una forma de “comunicación terrorista” y un intento de fomentar el “golpismo”.
Entre la agenda global y un exilio no declarado
Tras su coronación, la reina residió en Nueva York y se convirtió en una de las Miss Universo con más viajes oficiales en un año, visitando más de 31 países. Aun así, nunca pudo realizar la tradicional gira de bienvenida en Nicaragua. Aunque ha negado haber recibido restricciones formales para regresar, personas de su círculo aseguran que su retorno implicaría riesgos. Anne Jakrajutatip, copropietaria de Miss Universo, afirmó en 2024 —en un mensaje luego eliminado— que Palacios se encontraba en un “exilio indefinido” debido a las acciones del gobierno de Ortega.
La salida de su familia también alimenta las sospechas: su abuela y su hermano menor emigraron a Estados Unidos mediante parole humanitario, lo que sugiere presiones sobre su entorno.
El contexto nacional tampoco ayuda. Según datos citados por The New York Times, más de 350.000 nicaragüenses han solicitado asilo desde 2018, y el país ha acumulado miles de detenciones arbitrarias, así como la desnacionalización de opositores y artistas.
Durante su reinado, Palacios optó por evitar comentarios sobre el régimen y centrarse en su rol como embajadora de la organización, una estrategia interpretada como una forma de proteger a su familia.
Un retorno todavía incierto
En julio de 2024, en una entrevista para la televisión costarricense, expresó su esperanza de volver a Nicaragua y celebrar con su gente, aunque insistió en mantenerse alejada de cualquier asociación política. A la par, la representante de Nicaragua en Miss Universo 2025, Itza Castillo, también fue seleccionada fuera del país, un reflejo más de la ruptura entre el régimen y la organización nacional de belleza.
La historia de Sheynnis Palacios sigue siendo un símbolo de orgullo para muchos nicaragüenses, pero también un reflejo de las tensiones políticas que marcaron su reinado y sus posibilidades de volver a pisar su tierra natal.








