El Comité Intergremial del Magdalena, en representación de los distintos sectores económicos, productivos y sociales del departamento, expresa su profunda preocupación y hace un llamado urgente a la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios frente a la crisis que atraviesa actualmente la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta – ESSMAR.
Actualmente, la entidad se encuentra en estado de intervención desde el año 2021, medida que fue anunciada como excepcional y orientada a corregir deficiencias administrativas, financieras y operativas, garantizar la prestación eficiente de los servicios y proteger los derechos de los usuarios. No obstante, con el paso del tiempo, no solo se han frustrado los propósitos que la justificaron, sino que se ha profundizado la crisis estructural del sistema de acueducto y alcantarillado que históricamente afecta a la ciudad.
Después de más de cuatro años de intervención, Santa Marta continúa padeciendo una prestación irregular, intermitente y deficiente del servicio de agua potable, así como fallas graves y recurrentes en el sistema de alcantarillado, sin que se evidencie una mejora estructural, sostenida y verificable atribuible a la gestión intervenida.
Uno de los principales factores que explica este fracaso ha sido la grave inestabilidad administrativa provocada por el nombramiento sucesivo de diez (10) agentes especiales interventores en un corto periodo de tiempo, cada uno con diagnósticos, prioridades y enfoques distintos, sin continuidad en los planes de acción, sin ejecución real de soluciones estructurales.
Esta situación quedó en evidencia el pasado jueves 29 de enero, cuando fue retirado del cargo el agente especial Edwin Parada y, de manera inmediata, nombrado el arquitecto David Millán, quien apenas permaneció 24 horas en funciones y el día de ayer fue relevado y hoy la Entidad se encuentra a la espera de un nuevo nombramiento. Este hecho refleja con claridad la improvisación y la inestabilidad administrativa que caracterizan el proceso de intervención adelantado por la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios.
Esta rotación permanente ha derivado en desorden operativo, improvisación en la toma de decisiones y ausencia de una estrategia integral de recuperación, debilitando de manera crítica la gobernanza de la empresa y erosionando la confianza ciudadana e institucional en el proceso de intervención. A ello se suma un preocupante deterioro financiero que compromete la sostenibilidad del servicio y la viabilidad futura de ESSMAR.








