Con una metodología de formación que trasciende las aulas de clase, la Universidad del Magdalena establece una relación sólida con las comunidades y los territorios. Esta consigna que guía la misión académica y de extensión se ha reflejado en impactos positivos como el mejoramiento de la calidad de vida de adultos mayores, niños, jóvenes y trabajadores de la región.
Estudiantes de noveno semestre del Programa de Psicología, durante la etapa de prácticas formativas, realizaron proyectos de intervención en áreas como la psicología social, organizacional, educativa y clínica en diferentes poblaciones.
Se trató de un ejercicio de inmersión en diferentes escenarios, donde aplicaron estrategias soportadas en un componente científico riguroso y la observación de cada contexto para diseñar y ejecutar acciones pertinentes y de alto impacto de acuerdo con las necesidades identificadas.
“Las prácticas formativas es una compilación de todo lo que han aprendido durante toda la carrera, es un espacio para poner a prueba todas las habilidades que han desarrollado y los conocimientos en los diferentes contextos hospitalarios y no hospitalarios”, explico la psicóloga magíster Jenifer Carvajal Lorduy, coordinadora de prácticas del Programa de Psicología.
Excelencia académica construida en territorio
De acuerdo con la Coordinadora, las rotaciones por cada área facilitan que los estudiantes identifiquen sus intereses, lo que les permite, más allá de ser psicólogos integrales, inclinarse por el área de mayor preferencia y construir un camino alrededor de ello.
El valor de este proceso radica tanto en el aprendizaje del estudiante, como en los aportes que deja en las instituciones y comunidades, donde la presencia de la Alma Mater se traduce en acompañamiento, escucha, evaluación e intervención pertinente.
En el área social, una de las experiencias se desarrolló en el Centro de Bienestar al Anciano Sagrados Corazones de Jesús y María, conocido como el asilo de Santa Marta, donde la vida de los abuelitos se hizo más liviana, alegre y acompañada.
El estudiante Juan Díaz Molina explicó: “Tuvimos tres poblaciones a intervenir: adultos institucionalizados, población de cuidadores o personal de enfermería, y adultos de centro día, es decir, adultos que van a pasar días para realizar actividades y compartir con otros adultos mayores y luego se devuelven a sus casas”.
Allí desarrollaron tamizajes cognitivos y emocionales, acciones de acompañamiento y sesiones para fortalecer el afrontamiento del estrés. Además, entregaron herramientas para estimular funciones cognitivas, la actividad física y la alfabetización digital.
Los resultados permitieron comprender realidades como la vulnerabilidad y la soledad de los adultos mayores, así como la sobrecarga laboral de los cuidadores, pero también dejaron capacidades instaladas para el cuidado, el bienestar emocional y la continuidad de los procesos dentro de la institución.
En el área educativa, una de las prácticas, desarrollada en el colegio Ciudadela Educativa Cooedumag, se orientó al fortalecimiento de habilidades socioemocionales en niños de párvulo, prejardín, jardín y transición, con participación de docentes y familias.
Mediante el juego, el arte, la pintura y ejercicios de respiración y autorregulación, los futuros psicólogos promovieron el reconocimiento emocional, la empatía, la cooperación y mejores dinámicas de convivencia en el aula y en el entorno cercano de los infantes.
“A lo largo de las semanas observábamos cómo estos niños poco a poco iban integrando estas habilidades socioemocionales en su rutina cotidiana. Esto se pudo ver en un mejor reconocimiento y expresión efectiva de las emociones y en una convivencia más amena entre estos ellos”, argumentó la estudiante María José Forero Martínez.
En el área clínica, especialmente en el Hospital Universitario Julio Méndez Barreneche, se realizaron intervenciones con pacientes pediátricos, integrando componentes de psicoeducación, acompañamiento familiar, autorregulación emocional, afrontamiento del dolor y adherencia al tratamiento.
De igual forma, se sumaron a la labor del Programa de Atención Psicológica ubicado en el hospital para desarrollar acciones de psicoeducación y tamizaje en universitarios con casos de estrés, ansiedad y depresión. Las estrategias se centraron en el acompañamiento emocional, la orientación individual y la promoción de herramientas para el autocuidado.








