El escritor Rafael Darío Jiménez, autor del libro ‘Voces de la Marcha del Hambre, 60 años después’.
Al cumplirse en este mes de septiembre los 60 años de la Marcha del Hambre que se realizó en 1966, protagonizada por centenares de maestros magdalenenses, el escritor Rafael Darío Jiménez, le hace un homenaje especial a este gran acontecimiento en Colombia, con su libro titulado ‘Voces de la Marcha del Hambre, 60 años después’, porque la movilización permitió que se le respetara la dignidad laboral a los docentes de la época.
HOY DIARIO DEL MAGDALENA continúa con la segunda parte de la entrevista que le hizo el escritor Rafael Darío Jiménez, al líder de esta movilización, el maestro Rafael Roberto Hernández Pacheco, quien era a su vez, directivo del Sindicato de Educadores en el citado año. Dicha entrevista se encuentra recopilada en el libro ‘Voces de la Marcha del Hambre, 60 años después’, el cual pronto será lanzado por su propio autor:
Y un maestro en su condición, que tenía varios meses que no le pagaban y con mujer e hijos ¿cómo pensó en ese momento irse a la Marcha como a una aventura?
“Ese era yo… A mi familia la mandé para Barranquilla, donde mis suegros. Y Yo me quedé solo aquí dirigiendo la movilización”.
EL MAESTRO Rafael Roberto Hernández Pacheco, líder de la Marcha del Hambre en 1966.
¿Los medios de comunicación locales cómo actuaban respecto a ustedes?
“Estaban divididos, las dos principales emisoras en esa época: la Voz de Santa Marta y Radio Magdalena, nunca las tocamos. La Voz de Santa Marta nos apoyaban y los de Ondas del Caribe nos atacaban. Nos insultaban, nos decían flojos. Cuando partimos dijo un comunicador social de Ondas del Caribe: ¡Esos no llegarán ni a la Ye de Ciénaga! Se burlaban de nosotros. Era que la ciudadanía se burlaba de nosotros. Y que hubo apoyo, eso es mentira, eso no es cierto. Sin embargo, nosotros le demostramos lo contrario y así llegamos a Bogotá”.
¿Cuál es el momento que más recuerda usted de la marcha?
“Todos, para mí fueron grandes recuerdos. Personalmente, etapas difíciles. Por ejemplo, la etapa de Moniquirá – Arcabuco – Tunja. Esas etapas para mí fueron duras, duras, duras, porque el organismo comenzaba a ceder. Daba indicio que estaban cediendo, las piernas me dolían. Sin embargo, continuaba caminando, caminando, porque yo veía tantas mujeres caminando y yo no quería ser uno de los jefes que «tirara la toalla» a mitad del camino. Rendirse: no podía hacerlo. Yo tenía que continuar, pero duro, dura etapa”.
¿Cómo era un día en la Marcha del Hambre? ¿Dónde dormían? ¿Cómo se levantaban? ¿Dónde comían?
“Eso fue polifacético, los días no eran iguales. Hubo días pesados, etapas pesadísimas, pesadísimas como la de Aguachica – San Alberto, esto fue todo un medio día, toda una media noche caminando y llegar ya en la mañana del día siguiente y no encontrar donde descansar, donde dormir en el pueblo. Porque el alcalde era un sargento en San Alberto y nos negó todo apoyo y toda ayuda. Nos trató muy mal. Fueron etapas duras, duras, lo mismo que la de los Kuros de Santander a Aratoca. Toda una noche bajo un aguacero, toda la noche lloviendo, mucho frío con oscuridad, difícil. Fueron etapas difíciles, difíciles”.








