Durante décadas estuvo ahí. Creció junto con el barrio, dio sombra, fue refugio, punto de encuentro y parte de los recuerdos de varias generaciones. Para quienes llegaron al 20 de Julio cuando todavía muchas de sus calles apenas comenzaban a poblarse, la enorme bonga de la carrera 16 no es simplemente un árbol.
Pero el tiempo también pasó sobre ella. La inclinación que hoy presenta, el deterioro de parte de su estructura y el riesgo que se cierne sobre varias viviendas terminaron convirtiendo aquel símbolo del barrio en una amenaza que mantiene en vilo a los vecinos, especialmente durante los aguaceros y las jornadas de fuertes vientos.
Este lunes, mientras algunos habitantes observaban desde la calle, técnicos evaluaron sobre el terreno la compleja maniobra que deberá ejecutarse para retirar el árbol, en cumplimiento de una orden judicial.
Eddy Mendivil, de Más Ser Solution, explicó que inicialmente se contempla utilizar dos grúas, una con capacidad de 10 toneladas y otra de 8. Dependiendo del ángulo y de las condiciones que determine el ingeniero encargado del plan de trabajo, podría incorporarse un tercer equipo para realizar maniobras en sentido vertical. “No es una maniobra fácil”, resumió Mendivil.
Una de las mayores dificultades está en la ubicación del árbol que se encuentra sobre las viviendas. Allí estará concentrado el mayor riesgo y, por eso, la operación tendrá que hacerse de manera controlada y por etapas. También será necesario coordinar la intervención con las redes eléctricas que atraviesan el sector.
La estimación inicial es que el proceso de tala podría tardar entre tres y cuatro días.
“La parte más crítica será despejar primero la zona que está sobre las casas. Solo después comenzará el desmonte progresivo del grueso tronco, que deberá ser cortado paulatinamente para evitar que su peso provoque una caída descontrolada”, agregó Mendivil.
La intención, explicaron los responsables de la operación, es que finalmente el árbol quede retirado hasta el nivel del piso.
En el proceso intervienen la Oficina de Gestión del Riesgo y Cambio Climático (Ogricc), el Dadsa, Atesa, la misma empresa Más Ser Solution y la Secretaría de Movilidad, puesto que se determinó que las maniobras de remoción requieren el cierre de la carrera 16 entre calles 6 y 7.
“DORMÍAMOS CON MIEDO”
Para Yaleisi Rojas, una de las habitantes que durante años impulsó acciones para que se atendiera la situación, la noticia produce sentimientos encontrados. Ella conoce la historia de la bonga porque también es parte de la historia del barrio.
“Somos pioneros de este barrio”, cuenta. De niña jugó alrededor del árbol y durante años lo vio como un elemento inseparable de la comunidad. Por eso sabe que despedirse de él no será sencillo.
Pero también sabe lo que significa vivir debajo de sus ramas. “Dormimos con miedo”, relata.
La preocupación se hizo mayor con la inclinación que ha adquirido el árbol. Su vivienda colinda con el lugar donde se levanta la bonga y, cuando llegan las lluvias o las advertencias de fuertes vientos, la tranquilidad desaparece.
Rojas cuenta que en algunas ocasiones, cuando las condiciones climáticas empeoran, prefiere abandonar su casa y pasar la noche donde su hermana.
No es una decisión que tome con facilidad. Allí están sus recuerdos, su familia y una historia construida durante décadas. Pero el miedo terminó ganándole a la nostalgia. “Esto no es un pretexto de que el árbol estorba. Esto es para salvar nuestras vidas”, afirma.
Según relata, durante años los vecinos han acudido a distintas instancias para pedir una solución. Hubo tutelas, acciones judiciales, recolección de firmas, fotografías y estudios realizados por especialistas.
También hubo episodios que fueron aumentando la preocupación. Ramas que cayeron durante la madrugada y animales que, según los residentes, encuentran refugio en la estructura deteriorada del árbol hacen parte de las historias que se cuentan alrededor de la bonga.
Para Rojas, sin embargo, el mayor temor siempre ha sido que una parte de la estructura termine cayendo sobre una vivienda.
En el sector viven personas mayores y habitantes con condiciones de vulnerabilidad. Algunos de los propietarios llevan allí prácticamente toda su vida.
Por eso, aunque la decisión de retirar el árbol duele, también representa para ellos una especie de alivio.
LA PREPARACIÓN DE LA DESPEDIDA
La bonga todavía permanece en pie dominando el paisaje de la carrera 16, enorme, inclinada y silenciosa, mientras a su alrededor comenzaban a tomarse las medidas necesarias para lo que será una de sus últimas jornadas.
El jueves está previsto el comienzo de la operación. Para quienes crecieron bajo su sombra, será una despedida difícil. No solamente desaparecerá un árbol, sin que desaparecerá también una parte de la memoria del 20 de Julio.
Yaleisi Rojas lo sabe. Por eso habla de sentimientos encontrados.
Recuerda cuando era niña y la bonga era parte de sus juegos. Recuerda a los vecinos de entonces y a quienes, como ella, fueron construyendo el barrio alrededor de ese árbol. Pero también entiende que los años hicieron lo suyo. “Ya no está apto para darnos lo que necesitamos”, dice.
Su propuesta para después de la remoción es sencilla: sembrar nuevos árboles, entre ellos mangos, que puedan crecer sin convertirse con el paso de las décadas en un nuevo problema para quienes habiten el sector.
Porque para los vecinos, la historia no debería terminar con una motosierra. La idea es que donde durante tantos años estuvo la gigantesca y emblemática bonga, algún día vuelvan a crecer árboles.








