Hace 73 años, 46 mujeres hicieron historia al ingresar por primera vez a la Policia Nacional de Colombia. Hoy, ese legado permanece vivo en las 44.237 mujeres policías que, desde diferentes especialidades, trabajan por la seguridad, la convivencia y la protección de los colombianos.
Hoy 26 de octubre, en cumplimiento de la Resolución 04401 del 17 de diciembre de 2025, la institución conmemora el Día de la Mujer Policía, una fecha para reconocer a quienes han transformado la historia institucional con liderazgo, preparación, valentía y vocación de servicio.
La conmemoración también tiene un significado profundamente humano.
Es un homenaje a las mujeres policías que han entregado su vida en cumplimiento del deber, a sus familias, que conservan con orgullo su memoria, y a una uniformada que permanece privada de la libertad como consecuencia de un secuestro.
Su ausencia recuerda los sacrificios que enfrentan quienes han dedicado su vida a proteger a los demás.
Actualmente, 14.410 madres policías combinan su misión institucional con la responsabilidad de formar y acompañar a sus familias. Asimismo, tres mujeres ostentan el grado de brigadier general en servicio activo, reflejo de los espacios de liderazgo que han conquistado a lo largo de las últimas décadas.
Pero detrás de estas cifras existen miles de historias que pocas veces llegan a conocerse.
Una de ellas es la de una mujer policía cuya misión transcurre lejos de las patrullas y las calles, en un escenario donde los delincuentes intentan ocultar su identidad detrás de una pantalla.
Tras las huellas de los depredadores sexuales en internet, Desde Altos del Rosario, un municipio ubicado al sur de Bolívar, la patrullera Jaira Pérez Martínez llegó a la Policía Nacional impulsada por un sueño que nació en su hogar: el de su padre, quien desde pequeña le inculcó admiración por la Institución y el deseo de servir al país.
Hoy, con cerca de cinco años de servicio, convierte ese legado familiar en una vocación que la lleva a enfrentar uno de los desafíos más sensibles de la investigación criminal.
Mientras millones de personas utilizan las redes sociales para comunicarse, trabajar o entretenerse, la patrullera Jaira dedica su labor a investigar los entornos digitales en los que presuntos agresores sexuales buscan contactar, engañar o explotar a niños, niñas y adolescentes.
Su escenario de investigación es el mundo virtual: las redes sociales, las páginas web y la denominada dark web, una parte de internet a la que se accede mediante herramientas específicas y que también puede ser utilizada para ocultar actividades criminales.
Alli, donde algunos delincuentes creen encontrar anonimato, esta investigadora desarrolla su misión de perseguir a quienes utilizan la tecnología para cometer delitos sexuales contra menores de edad.
Como investigadora de la Dirección de Protección y Servicios Especiales (DIPRO), en la línea de Crímenes Transnacionales (TCIU), ha participado en investigaciones de alto impacto orientadas a identificar y desarticular estructuras criminales vinculadas con la Explotación
Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes (ESCNNA). Entre los casos que más han marcado su trayectoria recuerda una investigación en la que una madre era señalada de agredir sexualmente a su propia hija y compartir material de abuso sexual infantil.








