El tráfico ilegal de fauna silvestre se ha consolidado como una de las problemáticas ambientales más alarmantes en Colombia. Este delito, que solo es superado en rentabilidad por el narcotráfico y la trata de personas, representa la segunda mayor amenaza para la biodiversidad del país.
Cada año, millones de animales son extraídos de su entorno natural. Sin embargo, entre el 50 % y el 80 % no logra sobrevivir al proceso de captura, transporte y cautiverio. En 2021, las autoridades lograron incautar más de 300.000 ejemplares, tanto de fauna como de flora, durante operativos en diversas regiones.
Entre las especies más afectadas se encuentran tortugas como la hicotea y la matamata, además de iguanas, babillas, aves exóticas y primates. Cundinamarca, Antioquia y Bolívar figuran entre los departamentos con mayor incidencia de este tipo de tráfico.
El problema no solo impacta a los ecosistemas, sino que alimenta redes criminales que lucran con la vida silvestre, mientras muchas especies ven reducida su población y aumentan su riesgo de extinción. La situación exige respuestas más contundentes en materia de prevención, educación ambiental y control de las redes ilegales.








