La gran final de la Liga Femenina 2025 entre Deportivo Cali e Independiente Santa Fe no solo estuvo marcada por la emoción propia de una definición por penales, sino también por un episodio insólito que desató la polémica y dejó perplejos a los aficionados. En medio de la tanda decisiva, la árbitra central Mariana Quintero ordenó repetir un cobro que ya había sido convertido por Lizeth Aroca, jugadora del cuadro cardenal.
Todo transcurría con normalidad hasta el cuarto cobro de Santa Fe. Aroca se paró frente al balón, ejecutó con determinación y mandó la pelota al fondo de la red, dándole en ese instante una ligera ventaja emocional a su equipo y obligando al Cali a marcar en el siguiente turno para seguir con vida. Las jugadoras celebraban, pero de inmediato la colegiada interrumpió la acción y llamó la atención de todos en el estadio.
Tras unos segundos de deliberación, Quintero se dirigió a las santafereñas y explicó la situación: el cobro había sido invalidado porque, según su interpretación, Aroca había pateado antes de recibir la orden oficial. El penal quedaba anulado y debía repetirse.
La decisión sorprendió a jugadoras, cuerpo técnico y aficionados. En la transmisión oficial de Win Sports se comentó que esa fue la razón de la repetición, aunque no todos quedaron convencidos de que la infracción realmente existiera. Lo cierto es que, bajo el reglamento, la jueza estaba en capacidad de tomar esa determinación si consideraba que la ejecución no cumplió con el procedimiento.
En medio de la tensión, Aroca volvió a pararse frente al balón. Con el peso de la polémica sobre sus hombros y sabiendo que todo el país estaba pendiente de su reacción, la delantera ejecutó de nuevo con temple. El resultado fue el mismo: gol y empate 4-4 en la serie, manteniendo con vida la ilusión cardenal.
Aunque la repetición no alteró el marcador ni el desenlace inmediato de la tanda, sí encendió la discusión en las tribunas y en redes sociales. Muchos hinchas de Santa Fe consideraron excesiva la decisión arbitral y hablaron de un “rigor innecesario” en un momento tan decisivo, mientras otros defendieron la postura de la juez, alegando que el reglamento debía cumplirse al pie de la letra.
La final femenina, más allá del campeón, quedará en la memoria también por este episodio. Una escena que refleja la presión que viven tanto jugadoras como árbitras en instancias definitivas y que se suma a la creciente atención que recibe el fútbol femenino en Colombia, donde cada detalle se analiza con la misma intensidad que en la rama masculina.








