La divulgación de un supuesto plan de paz negociado entre Estados Unidos y Rusia para poner fin a la guerra en Ucrania ha generado preocupación y críticas en distintas capitales del mundo. El documento, compuesto por 28 puntos, habría sido discutido de manera reservada por enviados del gobierno estadounidense y representantes del Kremlin, sin la participación directa de Kiev ni de los países europeos aliados.
Entre los aspectos más polémicos, el borrador filtrado contemplaría que Ucrania reconozca la anexión rusa de territorios como Crimea y zonas del Donbás, además de una drástica reducción de sus fuerzas armadas y la limitación de su armamento de largo alcance. A cambio, Washington ofrecería garantías de seguridad tanto para Kiev como para otras naciones europeas vulnerables.
Según versiones publicadas, las conversaciones habrían sido lideradas por el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y el funcionario ruso Kirill Dmitriev, lo que ha elevado las críticas por la opacidad del proceso. La Casa Blanca, por su parte, sostuvo que el documento aún está en evaluación y podría convertirse en una base de negociación.
Las reacciones no se hicieron esperar. En Ucrania, sectores políticos y analistas calificaron el plan como una propuesta “inclinada en favor de Moscú”, mientras que en la Unión Europea varios líderes advirtieron que ningún acuerdo puede avanzarse sin incluir a Kiev y a los socios del bloque. El momento de la filtración coincide, además, con una nueva ola de ataques rusos con drones y misiles sobre territorio ucraniano, lo que aumenta la tensión.
La oficina del presidente Volodímir Zelenski confirmó haber recibido el borrador y manifestó su disposición a trabajarlo “de manera constructiva” con Washington, aunque insistió en que cualquier acuerdo debe respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.
El contenido del plan sigue siendo motivo de debate y preocupación, mientras la comunidad internacional evalúa su viabilidad y los posibles efectos sobre el futuro del conflicto.








