El gobierno de Estados Unidos confirmó oficialmente su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una decisión que marca un giro importante en la política sanitaria internacional del país y que ha generado preocupación a nivel global. La salida se hace efectiva tras varios meses de tensiones entre Washington y el organismo, motivadas por desacuerdos sobre la gestión de crisis sanitarias, el manejo de información durante emergencias de salud pública y el uso de los fondos aportados por los países miembros. Con esta decisión, Estados Unidos dejará de participar en programas clave de cooperación internacional en materia de prevención, vigilancia epidemiológica y respuesta ante pandemias.
Expertos en salud pública advirtieron que esta medida podría debilitar la coordinación mundial frente a brotes de enfermedades, ya que Estados Unidos ha sido históricamente uno de los mayores financiadores y actores influyentes dentro de la OMS. La retirada no solo afecta al propio país, sino también a naciones en desarrollo que dependen de los aportes técnicos y económicos canalizados a través del organismo. Además, analistas señalan que la ausencia estadounidense podría reducir la capacidad de respuesta global ante futuras emergencias sanitarias y abrir espacio a que otras potencias aumenten su influencia en la gobernanza de la salud mundial.








