El Foro Económico Mundial, que se desarrolla esta semana en Davos, se ha convertido nuevamente en el principal espacio de diálogo entre líderes políticos, empresarios y expertos internacionales para analizar los retos más urgentes del mundo actual. En la edición de 2026, la atención se centra en la desaceleración económica global, la persistencia de conflictos armados, el impacto de la inflación en los países en desarrollo y el avance acelerado de la inteligencia artificial en los mercados laborales. Las discusiones reflejan la preocupación por un crecimiento económico desigual y por el aumento de la incertidumbre financiera.
Durante las intervenciones, varios mandatarios y directivos empresariales insistieron en la necesidad de fortalecer la cooperación internacional para evitar nuevas crisis económicas. Asimismo, se destacó la importancia de diseñar políticas que permitan una transición energética más justa, sin afectar de forma desproporcionada a las economías más frágiles. El cambio climático también ocupa un lugar central en la agenda, con llamados a acelerar compromisos ambientales y a movilizar inversiones sostenibles.
Otro de los temas clave ha sido la geopolítica, especialmente las tensiones entre grandes potencias y su impacto en el comercio global. Analistas advierten que las decisiones que se discuten en Davos no solo influyen en los mercados financieros, sino que también marcan tendencias que afectan el empleo, la innovación tecnológica y las relaciones internacionales. En este contexto, el foro reafirma su papel como un escenario decisivo donde se anticipan los movimientos económicos y políticos que definirán el rumbo del mundo en los próximos años.








