Este 24 de enero, Ucrania denunció una nueva oleada de ataques rusos contra varias regiones del país, incluidos objetivos civiles e infraestructura estratégica, en un momento especialmente sensible marcado por conversaciones diplomáticas en curso con mediación internacional. Según autoridades ucranianas, los bombardeos afectaron zonas residenciales y sistemas energéticos, provocando daños materiales y víctimas civiles, lo que generó una fuerte reacción de la comunidad internacional.
El gobierno de Kiev afirmó que estos ataques contradicen los esfuerzos por avanzar hacia una solución negociada y buscan presionar políticamente a Ucrania y a sus aliados europeos. Funcionarios ucranianos señalaron que la ofensiva rusa se produce justo cuando se discuten posibles términos para reducir las hostilidades, lo que pone en duda la voluntad real de Moscú de comprometerse con un alto el fuego sostenible.
Países europeos y Estados Unidos condenaron los ataques y reiteraron su apoyo a Ucrania, advirtiendo que este tipo de acciones agravan la crisis humanitaria y debilitan la confianza necesaria para cualquier acuerdo de paz. Mientras tanto, organismos internacionales alertaron sobre el impacto de los bombardeos en el suministro de energía y en la vida cotidiana de millones de civiles, especialmente en pleno invierno. La situación mantiene en vilo a la región y refuerza la preocupación por una escalada mayor del conflicto .








