Minneapolis, EE. UU. — Las declaraciones de altos funcionarios de la administración del presidente Donald Trump sobre la muerte de Alex Pretti, ocurrida el sábado 24 de enero durante un operativo de la Patrulla Fronteriza en Minneapolis, han generado fuerte controversia luego de que videos y testimonios públicos contradijeran la versión oficial difundida desde Washington.
Tras el hecho, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, afirmó que Pretti había “atacado” a los agentes federales y que estos actuaron en defensa propia. Esta versión fue respaldada por el director del FBI, Kash Patel, y por el subsecretario de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien incluso calificó a Pretti como “un asesino” que intentó matar a funcionarios federales. El vicepresidente J. D. Vance replicó estas afirmaciones en redes sociales.
Sin embargo, las pruebas visuales disponibles hasta el momento no respaldan esas acusaciones. En los videos grabados por testigos se observa que Pretti no aparece atacando a los agentes ni blandiendo un arma en el momento previo a los disparos. Las imágenes muestran que llevaba un teléfono en la mano y que el arma que portaba estaba oculta en la cintura, la cual habría sido retirada por un agente segundos antes de que se produjera el tiroteo.
Asimismo, ningún material difundido hasta ahora muestra a Pretti intentando disparar o agredir físicamente a los agentes. Autoridades locales y expertos legales han señalado que no hay evidencia clara de una amenaza inmediata que justificara el uso letal de la fuerza, lo que ha incrementado las críticas hacia la actuación de los agentes federales.
El caso ha provocado protestas masivas en distintas ciudades de Estados Unidos, así como pronunciamientos de líderes políticos y organizaciones de derechos humanos que exigen una investigación independiente. La familia de Pretti ha rechazado la narrativa oficial y sostiene que las declaraciones del gobierno buscan justificar una muerte que, a su juicio, fue injustificada.
Mientras continúan las investigaciones, el caso de Alex Pretti se ha convertido en un nuevo foco de tensión nacional sobre el uso de la fuerza por parte de autoridades federales y el trato a civiles durante operativos de seguridad, en un contexto ya marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias.








