Durante años, la red ferroviaria de España fue presentada como un ejemplo de modernidad y eficiencia en Europa. Sin embargo, dos accidentes ocurridos con pocos días de diferencia han generado preocupación y cuestionamientos sobre la seguridad del sistema, especialmente tras un siniestro que dejó 45 personas muertas.
El hecho más grave se registró el pasado 18 de enero en Adamuz, cerca de Córdoba, cuando dos trenes de alta velocidad colisionaron, provocando además más de 100 heridos. El choque es considerado uno de los accidentes ferroviarios más mortales de la historia reciente de Europa y el más letal en España desde 2013.
Apenas dos días después, un segundo incidente volvió a encender las alarmas. En Cataluña, un tren de cercanías impactó contra una pared que se había derrumbado sobre la vía, causando la muerte del conductor en prácticas que operaba la unidad.
Aunque las investigaciones aún se encuentran en una etapa preliminar y las autoridades han pedido prudencia para evitar conclusiones apresuradas, los hechos han abierto un debate inevitable sobre la fiabilidad de una infraestructura que había sido ampliamente elogiada durante décadas. El país, además, continúa en medio de un proceso de duelo por las víctimas.
Un informe inicial de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) sobre el choque de Adamuz indica que la vía presentaba grietas previas al accidente, un dato que ha incrementado la inquietud pública. El ministro de Transportes, Óscar Puente, señaló que podría tratarse de “un problema que nunca antes habíamos visto en nuestra red”, subrayando la necesidad de esperar los resultados definitivos de la investigación.








