La captura en México de Ryan Wedding, exatleta olímpico canadiense acusado por Estados Unidos de encabezar una red internacional de narcotráfico, provocó una controversia política y diplomática entre ambos países, debido a versiones contradictorias sobre cómo ocurrió su detención.
Wedding, de 44 años, figuraba entre los 10 criminales más buscados del FBI, que ofrecía una recompensa de US$15 millones por información que condujera a su arresto. Las autoridades estadounidenses lo señalan como líder de una organización criminal que operaba desde México en alianza con el Cártel de Sinaloa.
Inicialmente, el FBI y la fiscal general de EE. UU., Pam Bondi, informaron que Wedding había sido detenido el 22 de enero en territorio mexicano durante un operativo realizado por agentes estadounidenses en cooperación con autoridades locales, y posteriormente trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos.
Sin embargo, esa versión fue desmentida por el secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, quien aseguró que el acusado se entregó voluntariamente en la embajada de Estados Unidos en Ciudad de México. La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó esta afirmación y negó que agentes extranjeros hayan realizado operativos en suelo mexicano, recordando que la ley nacional prohíbe este tipo de acciones.
La polémica se intensificó tras la publicación de un reportaje de The Wall Street Journal, que sostiene que la captura fue producto de una operación secreta conjunta entre el FBI y autoridades mexicanas, lo que habría generado fricciones en la relación bilateral.
El caso reavivó el debate sobre la cooperación en seguridad y los límites de la intervención extranjera en México.








