Alberto Emilio Guerrero Pertuz, de 52 años y conocido cariñosamente como ‘Pichy’, fue asesinado a sangre fría cuando iniciaba su jornada laboral en su puesto de fritos y jugos, el cual atendía desde hacía más de 15 años en cercanías de la clínica El Prado, en Santa Marta.
El homicidio, ocurrido en la carrera 5 con calle 25, ha generado una fuerte reacción de indignación entre los samarios, quienes exigen respuestas contundentes a la Policía Metropolitana ante el aumento de hechos violentos en la ciudad.
De acuerdo con información recopilada por investigadores judiciales y la Fiscalía General de la Nación, la principal hipótesis apunta a un caso de extorsión que venía afectando a la víctima desde hacía aproximadamente dos años. Al parecer, Guerrero Pertuz era obligado por delincuentes a pagar cerca de un millón de pesos mensuales para poder seguir trabajando sin represalias.
Según fuentes cercanas a la investigación, las exigencias económicas superaban en varias ocasiones los ingresos que generaba con su negocio, pese a estar ubicado en una zona de alto flujo comercial y hospitalario. “Todo indica que estaba siendo presionado económicamente y que no tenía cómo seguir cumpliendo con esos pagos”, señaló uno de los funcionarios vinculados al caso.
Las autoridades también verifican si el comerciante había interpuesto alguna denuncia formal ante la Unidad de Reacción Inmediata (URI) por las amenazas o cobros ilegales. Entretanto, la Sijín adelanta labores de campo, recolección de testimonios y análisis de cámaras de seguridad para identificar a los responsables y esclarecer los hechos.
El crimen se registró en el momento en que ‘Pichy’ abría su puesto, como lo hacía a diario. Según las primeras versiones, dos hombres en motocicleta llegaron al sitio y, fingiendo ser clientes, lograron acercarse sin levantar sospechas. Acto seguido, el parrillero descendió, lo llamó por su nombre y le disparó en repetidas ocasiones en la cabeza, causándole la muerte de manera inmediata.
Tras el ataque, los sicarios huyeron con rumbo desconocido, mientras testigos alertaban a las autoridades. Funcionarios del Laboratorio Móvil de Criminalística realizaron la inspección técnica del cadáver y su posterior traslado a Medicina Legal.
La muerte de Alberto Emilio Guerrero Pertuz deja en evidencia, una vez más, el impacto de la extorsión sobre pequeños comerciantes, quienes en muchos casos terminan siendo víctimas de estructuras criminales que operan en la ciudad.








