Los recientes deslizamientos registrados en El Rodadero han puesto nuevamente en evidencia la vulnerabilidad de las laderas que rodean a Santa Marta. Aunque las lluvias intensas suelen ser señaladas como la principal causa de estas emergencias, expertos advierten que la intervención humana también juega un papel determinante.
Según el análisis del ingeniero Luis Ignacio Díazgranados Villarreal, los cerros de la ciudad presentan pendientes pronunciadas cuya estabilidad depende en gran medida de la vegetación nativa y de las características naturales del suelo. La cobertura vegetal actúa como una barrera protectora que ayuda a retener la tierra y absorber el agua de lluvia.
Sin embargo, prácticas como el pastoreo incontrolado, la tala de vegetación y la ocupación de zonas prohibidas debilitan esta protección natural, aumentando el riesgo de derrumbes y movimientos de masa.
El experto recordó que la tragedia ocurrida el 3 de febrero de 2026 dejó una importante lección sobre la necesidad de proteger los ecosistemas de montaña y respetar las restricciones de uso del suelo en áreas de riesgo.
Ante la llegada de nuevas temporadas de lluvia, hizo un llamado a las autoridades y a la comunidad para fortalecer las acciones de conservación ambiental, prevenir construcciones en zonas vulnerables y promover un manejo responsable de los cerros que rodean la ciudad.
De esta manera, la reducción del riesgo de desastres no dependería únicamente de las condiciones climáticas, sino también de las decisiones humanas relacionadas con la protección y conservación del territorio.








