En Santa Marta, la celebración del Día Mundial de Limpieza se convirtió en un auténtico gesto de unión ciudadana y compromiso ambiental. Estudiantes de la Facultad de Ingeniería Marino Costera de la Universidad del Magdalena, voluntarios, residentes, comerciantes, prestadores turísticos y miembros de la Defensa Civil se dieron cita en el corregimiento de Taganga y en otras cuatro playas de la ciudad para recolectar toneladas de residuos que afectaban tanto la arena como el mar.
El propósito fue claro: dejar senderos, bosques y zonas de playa libres de plásticos, botellas, colillas de cigarrillo, envolturas y todo tipo de microbasura que diariamente amenaza la biodiversidad marina. La comunidad recibió con entusiasmo la jornada, entendiendo que más allá de la limpieza física, se trataba de sembrar conciencia sobre la necesidad urgente de frenar la contaminación que golpea corales, peces y ecosistemas frágiles.
El sector hotelero también tuvo un papel protagónico. Cotelco Magdalena movilizó a varios de sus asociados y, en playas aledañas al Estelar Santamar Hotel, directivos, colaboradores y aliados se vistieron de voluntarios para demostrar que la sostenibilidad no es un discurso, sino una práctica constante. Francisco Coronado, gerente del hotel, recordó que desde hace 33 jornadas han recolectado miles de colillas y desechos, señalando que cada colilla puede contaminar hasta 10 litros de agua. “Queremos que esta iniciativa se expanda a todo el sector turístico para que Santa Marta sea un modelo de sostenibilidad”, expresó.
A su vez, Angélica Fernández, gerente del hotel Karaya, resaltó que estas acciones son parte de un compromiso a largo plazo que busca educar a trabajadores, visitantes y prestadores en torno a un turismo más responsable.
El impacto fue visible: las playas de Los Cocos, Pescaíto, El Rodadero y el sector del hotel Irotama quedaron limpias, libres de botellas, latas y bolsas que por años habían ensuciado sus orillas. Las estudiantes Valery Herrera y Daniela Machado resaltaron el valor de la experiencia, recordando que entre un 70 y 80 % de los residuos plásticos terminan en costas y mares, fragmentándose en microplásticos que luego son ingeridos por peces y, en consecuencia, por los seres humanos. “Es un ciclo de contaminación que termina afectándonos a todos”, advirtió Machado.
La jornada también tuvo un capítulo especial en el fondo del mar: más de 50 buzos certificados, junto con expertos de la Dirección General Marítima (Dimar) y la Red de Vigilantes Marinos, realizaron una extracción submarina en la que recuperaron botellas, latas y gran cantidad de desechos. Carlos Vanegas, del colectivo DisKoncept, contó que al descubrir la magnitud de los residuos en el fondo marino entendieron la deuda pendiente con el planeta, lo que los llevó a conformar brigadas de recolección y reciclaje que hoy son un ejemplo de organización comunitaria.
La Red de Vigilantes Marinos, activa desde 2013, se ha consolidado como la mayor red mundial de buzos comprometidos con el medio ambiente. Su labor, extendida en países como Colombia, Brasil, México, Perú y Cabo Verde, no solo busca limpiar, sino también aportar información valiosa para investigaciones sobre contaminación marina y biodiversidad.
Como cierre simbólico, un mamo Kogui, acompañado de líderes indígenas, realizó un pagamento espiritual para invitar a todos los asistentes a reconciliarse con la naturaleza y asumir con responsabilidad el cuidado de la “casa común”. La jornada terminó con un ambiente festivo: artistas locales como Krem Hurtado, el grupo Mú is K, Frailejón Music y M4T30 ofrecieron su música como un canto a la conciencia ambiental y a la unidad entre residentes y visitantes.
Santa Marta, al sumarse a esta campaña global que tuvo eco en 191 países, reafirmó que proteger sus playas y mares es más que una necesidad: es una expresión de amor puro por el planeta.








