El gobierno de Nicolás Maduro volvió a encender las alarmas en la región con el anuncio de nuevas maniobras militares en puntos estratégicos del país, justo en medio de la creciente tensión con Estados Unidos y sus aliados. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, informó que las Fuerzas Armadas venezolanas se desplegarán en las zonas cercanas a Trinidad y Tobago bajo el argumento de frenar el contrabando y otras actividades ilícitas que, según Caracas, se originan desde ese territorio.
“Desde Trinidad y Tobago se hace mucho contrabando de combustible, de armas, de municiones y también trata de personas. Todo eso ocurre allí, en ese eje entre Macuro, la punta del promontorio de Paria y Trinidad y Tobago”, declaró el ministro. En ese mismo tono, aseguró que el objetivo del despliegue será “limpiar” la zona de supuestas bandas terroristas y narcotraficantes que, afirma, operan ilegalmente en la frontera marítima.
Pero no se trata del único movimiento militar en la agenda. Padrino López también anunció que el estado Sucre, en el oriente del país, será escenario de un despliegue que abarcará sus 15 municipios, con labores de reconocimiento, vigilancia y supuesta erradicación de grupos del narcotráfico. “Estamos ya en fase de repliegue para, siguiendo las instrucciones de nuestro comandante en jefe, movilizarnos hacia Sucre y cubrir toda la geografía de la región”, añadió, en un discurso que refuerza la narrativa de “defensa de la soberanía” frente a enemigos externos.
El anuncio ocurre en paralelo al endurecimiento del discurso de Maduro contra Washington. En una carta dirigida a Donald Trump, el mandatario venezolano rechazó nuevamente las acusaciones de narcotráfico lanzadas por Estados Unidos y calificó de “fake news” los señalamientos que, en su opinión, buscan justificar una escalada hacia un conflicto armado. Maduro insistió en que un choque bélico tendría consecuencias catastróficas para toda América Latina y, en contraste, invitó al diálogo como vía para preservar la paz.
Del lado estadounidense, las acciones ya están en marcha. El Pentágono desplegó ocho buques en el Caribe con el argumento de combatir el tráfico de drogas, operaciones que ya han dejado un saldo de al menos tres embarcaciones venezolanas destruidas y 14 fallecidos. Desde Caracas, esta ofensiva se percibe como una amenaza directa. Padrino López llegó a describirla como una “guerra no declarada” que pone al país en alerta máxima.
Mientras tanto, Venezuela intenta mostrar fortaleza interna. El régimen ha intensificado el adiestramiento de civiles, ha convocado a reservistas y ha organizado ejercicios militares tanto en zonas fronterizas como en una isla del Caribe. La estrategia busca enviar un mensaje de unidad y resistencia, aunque especialistas en temas de defensa advierten que la capacidad real de combate de la Fuerza Armada está debilitada por años de crisis económica, falta de mantenimiento de equipos y deserciones dentro de sus filas.
En ese contraste se mueve la realidad venezolana: por un lado, un discurso oficial que habla de soberanía, control y despliegues masivos, y por otro, voces de expertos que ven en estas maniobras más un espectáculo propagandístico que una verdadera demostración de poder militar. Sin embargo, lo cierto es que la tensión sigue aumentando y la región observa con cautela los pasos de un conflicto que, si escala, podría impactar a todo el continente.








