En una época dominada por las pantallas y la inmediatez digital, Gabriel David García Suescún, un niño de apenas 10 años, se ha convertido en un símbolo de esperanza y disciplina en Sincelejo. Estudiante de cuarto grado en la Institución Educativa Antonio Lenis, sede Carrenales, este pequeño demuestra que el amor por la lectura aún puede florecer con fuerza entre las nuevas generaciones. Su pasión por los libros, su curiosidad insaciable y su forma de expresarse con madurez sorprenden a profesores, compañeros y a todos los que lo escuchan hablar.
Gabriel ha leído cuatro libros completos y siete novelas, y confiesa que prefiere las narraciones donde “se vivencia el drama de la vida”. Su admiración por Gabriel García Márquez es tal que en una ocasión pidió como regalo de amor y amistad una obra del Nobel colombiano. Pero más allá de los títulos que ha devorado, lo que realmente impresiona es su forma de relacionarse con el conocimiento: pregunta, indaga, no se conforma con las respuestas y busca siempre comprender a fondo cada tema.
En el aula, sus profesores lo describen como un estudiante brillante, disciplinado y con una gran vocación de liderazgo. Orlando José Camargo Lobo, su maestro y mentor, lo considera un caso excepcional en casi cuatro décadas de docencia. “Si me retiro hoy, me iría feliz por haber tenido un alumno como Gabriel”, asegura. Tanto es su entusiasmo que, sin proponérselo, llegó a dictar una clase sobre lectura e interpretación de textos a los estudiantes de quinto grado, quienes lo escucharon atentos cuando les dijo:
“Si no se lee, no se aprende. Si no lees, no pasa nada, pero si lees, pasa mucho”.
Su compromiso con el estudio es tan grande que los docentes quisieron promoverlo a un grado superior, pero sus padres prefirieron que completara todos los ciclos formativos. Aun así, Gabriel sobresale por su madurez y sentido del deber. Si llega tarde —algo que casi nunca ocurre— se incomoda; si un compañero necesita ayuda, la ofrece sin dudar; si un profesor le deja una tarea, ya la ha adelantado porque estudia con anticipación los temas del semestre.
En su vida cotidiana también hay espacio para ser niño: juega fútbol, ve televisión y se divierte. Sin embargo, marca una diferencia clara con la mayoría de sus contemporáneos: no tiene celular propio. Solo lo usa media hora los domingos, y la mitad de ese tiempo lo dedica a buscar información sobre literatura o historia. “Me gusta sentir la textura del papel y el sonido al pasar las páginas. No es lo mismo tener un celular que un libro en las manos”, afirma con convicción.
Gabriel lleva siempre consigo un diccionario Larousse, préstamo de su maestro Camargo, con el que amplía su vocabulario y aprende nuevas palabras. Se declara enamorado del idioma español y sueña con estudiar robótica e idiomas, para convertirse algún día en un profesional que combine ciencia y lenguaje. Su capacidad lectora lo ha llevado incluso a representar a su colegio como embajador de Colombia en eventos académicos, donde ha sorprendido con su oratoria y dominio de diversos temas, incluyendo la política.
“Es un niño que no se queda con dudas”, explica su padre, Domingo José García, quien recuerda que Gabriel aprendió a leer a los cuatro años gracias a una maestra que descubrió su talento. Desde entonces, la familia ha fomentado su amor por los libros y su curiosidad por aprender. “No tengo que decirle que estudie, él mismo lo hace. Su disciplina es un don de Dios”, dice orgulloso.
El propio Gabriel reflexiona sobre su esfuerzo con una madurez inusual para su edad:
“La inteligencia no es suerte. Se logra con disciplina, con leer, con escribir. Muchos creen que lo mío es fácil, pero no saben el esfuerzo que hay detrás”.
Sus jornadas comienzan a las 5:50 de la mañana. Antes de ir al colegio revisa su bolso, repasa lo que estudiará y planea sus intervenciones en clase. No tolera el desorden y considera que el aula es un espacio sagrado. También reconoce que, a veces, su dedicación despierta envidia entre algunos compañeros, pero él prefiere mantenerse al margen y concentrarse en sus metas.
Para sus profesores y compañeros, Gabriel es más que un buen estudiante: es un ejemplo viviente de lo que significa amar el conocimiento. Su coordinadora, Any Luz Álvarez, resalta que “tiene un vocabulario muy enriquecido, es respetuoso y propone constantemente ideas para mejorar la convivencia escolar”.
En tiempos en que la lectura parece perder terreno frente a la tecnología, Gabriel David García Suescún representa la excepción luminosa: un niño que demuestra que la sabiduría no depende de la edad, sino del deseo genuino de aprender. Como él mismo dice con serenidad y convicción:
“Leer es esencial para todo. Cuando leemos, aprendemos a pensar, y si pensamos, podemos cambiar el mundo”.








