Irán enfrenta un momento decisivo tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei, quien ejerció como líder supremo durante casi cuatro décadas. El fallecimiento fue confirmado por la televisión estatal y el Gobierno decretó 40 días de luto nacional y siete días feriados.
Con su muerte, se activó el mecanismo constitucional para elegir a su sucesor. La responsabilidad recae en la Asamblea de Expertos, órgano clerical encargado de designar al nuevo líder supremo. Según el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, la elección podría concretarse en “uno o dos días”.
El líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa del país, además de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, incluido el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. También ejerce influencia directa sobre el poder judicial y las principales decisiones estratégicas del Estado.
La transición ocurre en medio de una fuerte escalada regional tras ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel, lo que incrementa la tensión política y militar en Oriente Medio. Analistas advierten que el perfil del próximo líder será determinante para el rumbo interno de Irán y su relación con la comunidad internacional.








